jueves, 25 de agosto de 2016

DÍA 11: Cena en familia

Una parte del equipo llega ahora a casa, doce de la noche. La otra parte, está despidiendo a una buena amiga, compañera y por siempre parte de esta historia que cambió nuestras vidas. Un fuerte abrazo  de esos que llegan al alma (nos vemos en Zaragoza, guapísima).

Hemos comenzado con lo que ya se ha convertido en una rutina, acortamos el tiempo de nuestros desayunos para poder repartir una comida por los parques de Thessaloniki. Qué decir de las historias, la situación y el poco caso que se hace a los que Eduardo Galeano llamaría los nadies de este conflicto. Repartimos de la forma más equitativa posible agua, leche con un poquito de cacao y cualquier cosa que se puedan llevar al estómago para palear las calamidades de la vida en la calle.

Tras la ardua tarea para nuestros corazones, volvemos a separarnos. Mientras la mitad de nosotros estamos en el campo terminando a contra reloj los frentes que tenemos abiertos, la otra mitad nos vamos en busca de una fábrica en la que se guardan montañas de ropa y zapatos que las fuerzas de seguridad del estado griego sacaron con una pala retroexcavadora de los tres núcleos okupas que se dedicaban a organizar este caos.

Se puede estar de acuerdo con esta  filosofía o no, eso depende de la forma de pensar de cada individuo, lo que está claro es que nadie, ni el gobierno, ni las grandes ong´s hacen nada por ellos. Sólo pequeños grupos de voluntarios independientes intentan cubrir sus necesidades más  básicas de la mejor manera que pueden.

Una vez encontrada, nos cuentan la historia del lugar, es una empresa que fabricaba azulejos y después de su quiebra, los mismos trabajadores la convirtieron en una fábrica de jabones ecológicos y que gestionan de un modo cooperativista. En una de sus asambleas decidieron ceder un espacio para que toda esta ropa y trabajo no quedara arrojada en un olvido por ser una molestia para el partido político de turno. No os conocemos ni sabemos quién sois, pero ¡mil gracias!

El trabajo allí dentro no es divertido, ni el espacio reconfortante, pero sí necesario. Entramos en un bucle de separar por tallas y temporadas, y nos acude a la cabeza las imágenes del primer día de rebajas en la zona de oportunidades. Esto nos hace recapacitar sobre el estilo de vida que llevamos, en una sociedad completamente consumista, y como nos deshacemos de las cosas materiales, ya sea porque no están a la moda, pasaron de temporada, o simplemente porque las compramos en un impulso de derroche y nunca las llegamos a utilizar.

                                      Ropa con mucha vida por delante

Montamos en el coche con un polizón a bordo, un nuevo amigo que hemos conocido en los repartos matutinos y que quiere conocer Sínatex, su gente, y la tarea que allí se realiza. No puede venir en mejor momento, pues hoy, ¡tenemos fiesta!

Con el fin de acercar más aún si cabe, la cultura española y kurda, hemos organizado una cena  con los mejores manjares de cada pueblo. Rollitos de arroz entre hojas de parra, ensaladas de queso, tomate y pepino,  pisto picante de pimientos, yogurt líquido para untar, berenjena y calabacines rellenos y, como no, tortilla de patatas.

Casi obligados por el protocolo, nos hacen sentarnos a los internacionales a un lado, los Sirios al otro. Se suceden las conversaciones, las risas y las caras de satisfacción y alegría. Si fuese una competición por qué lado de la mesa ha quedado más prendado del otro, sería empate. Tras una digestión complicada por la cantidad de comida, y ayudada por unos cuantos tés,  nos levantamos para comenzar las despedidas. Hoy mucho más significativas, si cabe.
Pero el karma funciona, y como era de esperar, nuestro nuevo compi se ha enamorado del  ambiente que se respira en este lugar, y sin dudarlo ni un momento, ha decidido continuar con la tarea que nuestra compañera ha realizado todos estos días.
                                         Festín de amor


Es la una y cuarto de la noche, todo el equipo está durmiendo menos yo. Solo me acompaña el sonido de los coches de la calle y las teclas del ordenador. Mañana será otro día que comience maquetando esto para que podáis leerlo. Me voy a la cama con la sensación de haber estado en una reunión familiar de esas en las que solo se celebra el estar juntos. 

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