Una parte del equipo llega ahora a casa, doce de la noche.
La otra parte, está despidiendo a una buena amiga, compañera y por siempre parte
de esta historia que cambió nuestras vidas. Un fuerte abrazo de esos que llegan al alma (nos vemos en
Zaragoza, guapísima).
Hemos comenzado con lo que ya se ha convertido en una
rutina, acortamos el tiempo de nuestros desayunos para poder repartir una comida
por los parques de Thessaloniki. Qué decir de las historias, la situación y el
poco caso que se hace a los que Eduardo Galeano llamaría los nadies de este conflicto. Repartimos de la forma más equitativa
posible agua, leche con un poquito de cacao y cualquier cosa que se puedan
llevar al estómago para palear las calamidades de la vida en la calle.
Tras la ardua tarea para nuestros corazones, volvemos a
separarnos. Mientras la mitad de nosotros estamos en el campo terminando a
contra reloj los frentes que tenemos abiertos, la otra mitad nos vamos en busca
de una fábrica en la que se guardan montañas de ropa y zapatos que las fuerzas
de seguridad del estado griego sacaron con una pala retroexcavadora de los tres
núcleos okupas que se dedicaban a organizar este caos.
Se puede estar de acuerdo con esta filosofía o no, eso depende de la forma de
pensar de cada individuo, lo que está claro es que nadie, ni el gobierno, ni
las grandes ong´s hacen nada por ellos. Sólo pequeños grupos de voluntarios
independientes intentan cubrir sus necesidades más básicas de la mejor manera que pueden.
Una vez encontrada, nos cuentan la historia del lugar, es
una empresa que fabricaba azulejos y después de su quiebra, los mismos
trabajadores la convirtieron en una fábrica de jabones ecológicos y que
gestionan de un modo cooperativista. En una de sus asambleas decidieron ceder
un espacio para que toda esta ropa y trabajo no quedara arrojada en un olvido
por ser una molestia para el partido político de turno. No os conocemos ni
sabemos quién sois, pero ¡mil gracias!
El trabajo allí dentro no es divertido, ni el espacio
reconfortante, pero sí necesario. Entramos en un bucle de separar por tallas y
temporadas, y nos acude a la cabeza las imágenes del primer día de rebajas en
la zona de oportunidades. Esto nos hace recapacitar sobre el estilo de vida que
llevamos, en una sociedad completamente consumista, y como nos deshacemos de
las cosas materiales, ya sea porque no están a la moda, pasaron de temporada, o
simplemente porque las compramos en un impulso de derroche y nunca las llegamos
a utilizar.
Ropa con mucha vida por delante
Montamos en el coche con un polizón a bordo, un nuevo amigo
que hemos conocido en los repartos matutinos y que quiere conocer Sínatex, su
gente, y la tarea que allí se realiza. No puede venir en mejor momento, pues
hoy, ¡tenemos fiesta!
Con el fin de acercar más aún si cabe, la cultura española y
kurda, hemos organizado una cena con los
mejores manjares de cada pueblo. Rollitos de arroz entre hojas de parra,
ensaladas de queso, tomate y pepino, pisto picante de pimientos, yogurt líquido
para untar, berenjena y calabacines rellenos y, como no, tortilla de patatas.
Casi obligados por el protocolo, nos hacen sentarnos a los
internacionales a un lado, los Sirios al otro. Se suceden las conversaciones,
las risas y las caras de satisfacción y alegría. Si fuese una competición por
qué lado de la mesa ha quedado más prendado del otro, sería empate. Tras una
digestión complicada por la cantidad de comida, y ayudada por unos cuantos tés,
nos levantamos para comenzar las
despedidas. Hoy mucho más significativas, si cabe.
Pero el karma funciona, y como era de esperar, nuestro nuevo
compi se ha enamorado del ambiente que
se respira en este lugar, y sin dudarlo ni un momento, ha decidido continuar
con la tarea que nuestra compañera ha realizado todos estos días.
Festín de amor
Es la una y cuarto de la noche, todo el equipo está
durmiendo menos yo. Solo me acompaña el sonido de los coches de la calle y las
teclas del ordenador. Mañana será otro día que comience maquetando esto para que
podáis leerlo. Me voy a la cama con la sensación de haber estado en una reunión
familiar de esas en las que solo se celebra el estar juntos.



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